El AOVE de nuestra familia

Antes de tener nombre, fue simplemente nuestro aceite.

Durante años, el olivar formó parte natural de nuestro entorno familiar. Cada cosecha se recogía sin más propósito que el de conservar un aceite propio, fresco y auténtico, destinado únicamente al consumo familiar y a compartirlo con quienes nos rodeaban.

La recolección temprana, la selección del fruto y la molturación inmediata no respondían a una estrategia, sino a una intuición: preservar la frescura y el carácter natural del aceite desde su origen.

Con el tiempo, quienes lo probaban comenzaban a pedirlo de nuevo. Lo que había nacido como algo privado empezó a despertar un interés inesperado. Sin haberlo previsto, comprendimos que aquel aceite tenía una identidad propia.

No era el resultado de una producción, sino de una forma concreta de trabajar la tierra.

Una evolución natural

A medida que profundizábamos en cada cosecha, perfeccionamos cada etapa del proceso: la recolección en el momento preciso, la molturación el mismo día y la conservación en condiciones que preservaran intacta la calidad del aceite. Cada decisión buscaba un único objetivo: respetar el carácter original del fruto.

Fue entonces cuando entendimos que este aceite merecía una identidad que representara su origen y su historia.

La evolución comenzó cuando un grupo hostelero cercano a la familia descubrió nuestro aceite y quiso incorporarlo a sus restaurantes. Nos solicitaron 400 botellas adicionales, reconociendo en él un carácter singular. Fue entonces cuando comprendimos que había dejado de ser únicamente un aceite familiar.

Así nace MOSCOSO.

No como un punto de partida, sino como la continuación de un legado familiar y de una relación con la tierra que ha permanecido constante a lo largo del tiempo.

MOSCOSO representa esa evolución: el paso de un aceite reservado al ámbito familiar a una expresión cuidada y limitada de un olivar concreto.

La elaboración

Cada cosecha comienza con la selección temprana del fruto, recolectado en su momento óptimo para preservar su perfil fresco y su equilibrio natural.

Las aceitunas se molturan el mismo día de la recolección, evitando cualquier alteración y garantizando la máxima calidad desde el origen.

Tras la extracción, el aceite se filtra y se conserva en depósitos de acero inoxidable, protegido de la luz y del oxígeno, hasta su envasado. Este proceso permite preservar intactas sus cualidades naturales.

El resultado es un aceite virgen extra definido por su frescura, su estabilidad y su fidelidad al origen.

Producción limitada

MOSCOSO mantiene una producción limitada, determinada por la capacidad natural del olivar y por el respeto por cada cosecha. Solo un número reducido de botellas llega cada año a mesa, reservadas para restaurantes y clientes que entienden el valor de un origen auténtico.

Colaboramos con establecimientos que buscan ofrecer algo verdaderamente diferencial a sus clientes: un aceite que no está disponible de forma masiva, y cuya presencia en mesa refleja una elección consciente por la calidad.

MOSCOSO no está en todas partes.

Y esa es precisamente su esencia.